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Aprendiendo Juntos “El Tiempo”

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De todas las experiencias del niño, las que sufren un efecto más decisivo sobre el desarrollo de la personalidad se llevan a cabo en el hogar.
Desde hace muchos años me he interesado por los cambios que tenemos a nivel mundial especialmente en la educación, veo con sorpresa los cambios generacionales que no han dado muy buenos resultados en los jóvenes que no fueron formados por la llamada “educación tradicional”.
Hemos perdido los principios con que fuimos educados por nuestros padres, permitimos que nuestros hijos hagan lo que quieran con nosotros por que nos da miedo perder su afecto y además no queremos causar ningún “trauma” en ellos y no queremos tampoco desgastarnos en órdenes que no cumplen.
Nosotros hoy como padres buscamos diferentes culpables, la culpa la tiene la sociedad, la tecnología, el colegio, la maestra, la empleada, los amigos, la abuela pero nunca son ni culpables nuestros hijos, ni culpables nosotros.
Ya hoy en día no nos tomamos tiempo para enseñar a nuestros hijos a respetar a los mayores, escucho muy seguido decir “cuando un niño habla hay que prestarle atención” pero crecí escuchando decir “cuando un adulto habla el niño respeta” con este pequeño cambio tan insignificante le estamos enviando la información al niño que él es más importante que todos y que él debe ser siempre lo primero, cosa que en la vida real no se aplica para ningún ser humano, todos debemos aprender a callar y escuchar, en la vida real no podemos pretender que el mundo gire alrededor de nuestro hijos pero los formamos para que crean que el mundo gira a su alrededor y los resultados son jóvenes frustrados que se encuentran con una realidad que no esperaban y para los que no estaban preparados.
También escucho con frecuencia decir “no puedo castigar a mi hijo porque se traumatiza” sin embargo crecí escuchando “corrige al niño para que no tengas que castigar al adulto” o “el padre que ama a su hijo lo reprende” con este cambio que no considero insignificante estamos enviando la información al niño que él siempre tiene la razón y que sus padres temen decirles lo contrario por que no están seguros de la verdad y formamos jóvenes que son poseedores de una verdad absoluta a los que no se les pueden establecer normas ni reglas sociales y se encuentran con la realidad para la que tampoco fueron preparados y se frustran y la vida les queda grande.
Escucho con frecuencia decir “pobre mi hijo esta aburrido” y crecí en un mundo en el que no dependía de los demás mi felicidad, teníamos que inventar juegos con los hermanos en casa o salir a un parque descuidado donde inventábamos juegos nuevos cada día. Pero hoy los padres son responsables del 100% de distracción y satisfacción de los hijos, estamos formando una generación producto de la gratificación instantánea la inmediatez, la solución es parte de las costumbres de los padres hoy, somos nosotros quienes les solucionamos y les rodeamos de juegos diversiones sin permitirles a ellos usar su imaginación y sin darles espacio para el aburrimiento que es necesario para el desarrollo de nuevas estrategias vivenciales. Y así formamos a nuestros hijos incapaces de resolver problemas, jóvenes que se frustran cuando no tienen la felicidad inmediatamente pues tampoco fueron preparados para esperar y luchar todo lo recibieron inmediatamente.
Escucho con frecuencia decir “es que la maestra de mi hijo no es buena” y crecí escuchando “eres un desaplicado que no quieres estudiar” los maestros en mi época eran tan importantes y tan respetados como lo era el padre de la casa pero hoy en día los niños son los reyes de la escuela y los maestros y maestras que dedicaron parte de su vida a estudiar para serlo solamente son un empleado más de la familia. Es duro y doloroso pensar que este cambio social sea tan importante en este tiempo, formamos jóvenes que piensan que el dinero compra el respeto y cuando salen a la vida real se encuentran con que no todo tiene un precio y el respeto se gana con esfuerzo no se compra, entonces se frustran por que tampoco fueron preparados para eso.

Crecí escuchando decir “se come lo que hay en la mesa” y ahora escucho a los padres decir “que quieres comer” o “come lo que puedas y lo que te guste” y estamos formando niños quejambrosos y mal agradecidos, niños que piensan que cada cosa la merecen y que es obligación de los padres darles lo que ellos quieren no lo que consideren necesario para su bienestar, formamos niños con corazón desagradecido y tienen que salir al mundo real a encontrarse con que todo en la vida se gana y algunas veces no puedo comprar lo que me gusta sino puedo tener lo que puedo pagar y se frustran.
Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. La comida es una buena escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.
Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobre protegidos. Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener “dinero o propiedades”, triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.
Los hijos educados bajo el amor a Dios, con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.

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